Cuando Palpita el Corazón

Por: JAIRO CASTRO NEIRA

Que los astros se alinearon, que la diosa fortuna nos acompañó y que de pronto, como en un sueño, se levantó el telón y aparecieron en el escenario, juntos, los mejores exponentes de la música andina colombiana a rendirle homenaje a José, uno de sus grandes cultores. José, así no más, porque así lo conocemos todos. Porque ahí está su vida, su obra, su música, su universo. Porque nos convoca, nos junta, nos hermana.

Pero tras bambalinas había mucho más. La fundación Socorranos en Acción, su junta directiva con Sylvia Rugeles de Rugeles y Edy Castro Neira a la cabeza, trabajando hombro a hombro para diseñar un espectáculo del que nos sintiéramos orgullosos y que, por qué no, terminara siendo un referente de la vida cultural del Socorro y de la región. Importantes instituciones de los sectores público y privado junto a reconocidos empresarios y líderes cívicos y sociales de la ciudad se sumaron a la convocatoria.

Mucho trabajo de los gestores y de los artistas. Para unos el diseño, la gestión, la difusión y la coordinación de las actividades previas y las del día del evento. Para otros los desplazamientos, la planeación de la puesta en escena, los ensayos agotadores, la sincronización de voces e instrumentos. Una y otra vez. Hasta que todo estuviera perfecto.

El escenario no podía ser otro que El Teatro Santander que fue huésped de grandes compañías de teatro, zarzuela y opereta que visitaron la ciudad durante buena parte del siglo XX, tiempo en que las artes escénicas pertenecían a la cotidianidad de la vida cultural de Bucaramanga. Hoy sigue funcionando en su edificio de arquitectura republicana, recientemente restaurado. Con la batuta de Antonio José Díaz Ardila, su director ejecutivo, es ya el gran anfitrión de la vida social y cultural de la ciudad. Vestido con sus mejores galas y con la obra Cañón del Chicamocha de la maestra Beatriz González como gran telón de fondo, sólo había que esperar la hora de la cita el 5 de octubre.


Primero fue el encuentro de cientos de santandereanos con el alma socorrana en el Salón Fundadores, con sus columnas originales como testimonio maravilloso de su historia. Y los asistentes ansiosos por descubrir detrás de una mirada, de una sonrisa o de un gesto, a los amigos con los que se compartieron otros tiempos o con los que se vivió la juventud o la infancia, a veces, ya lejanas.  Y el abrazo y la anécdota y la promesa de volverse a ver.

El ritual de la socorranidad estaba a punto de concretarse en la gran sala del teatro colmada de público ansioso y con Josefina como testigo de excepción. Tras bambalinas los artistas esperaban ansiosos el momento de aparecer en escena. Yeimi Ayala, Kiara Bendeck, Cesar Castro, Nilson Guerrero, Domingo López, Carlos Manrique, José Luis Martínez, Mario Martínez, Juan Pablo Martínez, Santiago Medina, Álvaro Navarro, Carlos Andrés Quintero y Jonathan Reyes, presente y futuro de la música andina colombiana, ultimaban detalles de la presentación.

Y aparece en escena Puno Ardila, el maestro de ceremonias, llamando uno a uno a los artistas, de acuerdo con la programación. Los tiples, las guitarras, el piano, el órgano eléctrico, y las voces perfectamente afinadas, como en una sinfonía celestial, fueron colmando de bambucos y pasillos el recinto del teatro.

Como ya es habitual, cuando los corazones palpitan más fuerte y las almas socorranas se encuentran, aparece la lunita consentida colgada del cielo, y se canta a voz en cuello y se aplaude con gratitud a los artistas, a los amigos, a la vida.

Ya nadie puede convocar al silencio. Como en el principio, cuando en medio del caos aparece la luz y la concordia. Y somos buenos y queremos estar cerca del otro, de los otros. Para vivir, para cantar.

P.S: ¿Y si se aprovecha tanta energía socorrana para trabajar todos a una, como cantando un bambuco, para mejorar la calidad de vida quienes hoy viven allí y necesitan oportunidades de desarrollo?

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